Odio a mi país. Me quiero largar de aquí. Este país es una mierda…

El texto original es de Antonio Malpica, puede ser leido directamente en FB, pero como sé que hay más de uno que no gusta de pararse por ahí ni con Noscript, lo reproduzco por acá con todo y que es publico su mensaje.

Gunnar ya ha hecho favor de reproducirlo en ingles, pero creo que especialmente el original en español, debe de llegar más lejos y me parece que una forma de hacerlo es ponerlo fuera de FB cuanto más que veo que Toño no mantiene un blog externo al mismo.

Odio a mi país. Me quiero largar de aquí. Este país es una mierda…
Frases todas que pululan en las pláticas entre mexicanos desde el día de ayer. En redes y fuera de ellas.
Y la verdad es que las hubiera puesto entrecomilladas si yo mismo no las hubiera pensado también. En algún momento.
Porque así duele. Tanto como para odiar, denostar, renunciar.
Pero hablamos o escribimos sin darnos cuenta de que tal vez eso sea lo más terrible de todo este asunto. Que cedamos ante el horror y consintamos jugar un juego en el que ellos, los verdugos, los responsables, terminarían mirando complacidos desde la tribuna, riéndose de nosotros mientras se pasan entre ellos la bolsa de palomitas. Y eso ya sería el colmo. Así que no les demos el gusto.
Porque ellos seguramente no se dan cuenta pero nosotros tenemos la obligación de advertirlo desde el principio y hacer algo para evitarlo: la raíz del dolor que nos causaron ayer es porque así se siente la aniquilación de la esperanza.
El grito de “Vivos se los llevaron” -ellos no se dan cuenta pero nosotros sí- es un grito de esperanza. Un pronunciamiento ante la bondad posible en el ser humano. Un testimonio de fe en el futuro. Una apuesta por la vida.
Y con su fría comparecencia, ayer el procurador quiso darle el tiro de gracia a nuestra ya maltrecha esperanza.
Pero no le demos el gusto.
Por ahí dicen que es lo último que muere. Yo diría que es lo único que no debería morir. Nunca. Se acaba eso y se acaba todo.
No hay justicia posible para los padres de los 43. Y mucho menos para los 43. Por mucho que ahora el discurso oficial quiera marearnos con ese guión propagandístico del “no descansaremos hasta”. Ni siquiera la renuncia del presidente devolvería a las aulas a uno solo de los que hoy son cenizas. Y tristemente esa es la excusa que el señor esgrime para no dejar de subirse a su avioncito y viajar a donde le plazca, entre más lejos de México, mejor.
No hagamos lo mismo.
Recordémosle al mundo que el país está lleno de nosotros, no de ellos. Que el rostro de una persona no es la suciedad de su frente y mejillas, sino la piel que está debajo, que siente y palpita. Mostrémosle al mundo que México es más el verso que la sangre, más la idea que el terror.
Y a ellos…
No les demos el gusto.
A ellos hagámosles ver que, por más que lo intenten, hay cosas que nunca podrán quitarnos.
Nuestro cariño por el país, por ejemplo.
El país, por encima de todo.

Toño Malpica
Noviembre 8 2014 5.46am

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