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El Manifiesto de Ozuluama revisado

1368715846418A ya casi 15 años de que redacté el susodicho texto y tras haber visto lo incomprendido que es en términos generales, pienso que hace falta un poquito de perspectiva y algo de contexto para verlo mejor.

¿Por qué creo que no cae bien?

Es un texto muy franco, con una retórica directa, libre de tropos o adornos, por lo que los pequeñines que leen eso se sienten agredidos.

Yo no era ningún escuincle cuando lo escribí, tenía 22 años y a esa edad hay quienes ya han resuelto su vida, creado obras trascendentes y hasta cambiado la historia, ¿y qué estaba haciendo yo? De alguna manera (porque realmente era un hombre al agua en esa obra) colaboré en el tendido de un oleoducto que iba desde Cadereyta, Nuevo León, hasta Nueva Teapa, Tabasco. Ese oleoducto desde entonces ha estado en las noticias por lo llena de accidentes que estuvo y porque quienes integraron el consorcio constructor -Tribasa, SK Engeering and Construction, Siemens- se volvieron muy populares en los periódicos por su propensión a la corrupción.

Sin embargo, yo había gozado de una vida bastante despreocupada hasta entonces y mi madurez ni señas daba de aparecer (creo que a estas alturas todavía no llega), el caso es que me sentía del asco porque no dormía en mi cama y no tenía una maldita idea de cómo hacer las cosas, sin embargo, contaba con la satisfacción de que todo eso retribuía a mi familia al poder mantenerla como el Bios manda.

Orgulloso, pero triste a la vez.

¿Y en qué colaboró mi afición?

En todo, para efectos prácticos me encontraba allí por haber llevado mi afición al extremo, por haber creído que era posible en nuestra república de chocolate que se podía vivir de ser fan y lo estaba haciendo mal… y luego los que lo hacían bien… ¿qué era lo que hacían bien?

Vi quiénes eran los fans que funcionaban, que escribían y dibujaban y además contaban con el tiempo libre suficiente para trabajar (loool) y noté que los que realmente admiraba sabían mucho de muchas cosas.

Quería ser como ellos, ¿qué tenía que hacer para serlo?

La respuesta fue simple, ponerme a trabajar.

Así fue como a final de cuentas fue que me decanté por el lado creativo y el conocimiento de algo que a mí me gustaba pero no me había dado cuenta: el lenguaje, eso me está dando de comer e incluso me da posibilidades de realmente progresar, esa palabra aburrida en la que se encuentran atrapados conceptos complejos como el conseguir una casa, un vehículo, transmitir tus genes a la siguiente generación y emprender cosas no deliciosas mas sí nutritivas.

¿Por qué el Manifiesto de Ozuluama?

Porque lo redacté y promulgué en el hermoso pueblo de Ozuluama, Veracruz, población de escasos 5 mil habitantes pero que es la epónima cabecera municipal de un territorio ocupado por al menos 50 mil gentes, la mayoría dedicada a la ganadería y a la fabricación de ricos quesos frescos.

El hecho de que estuviera acantonado en Ozuluama también influyó mucho en mi estado mental, estaba rodeado de verdor y agua y caminaba encima de tubos de acero de 24 pulgadas de diámetro y un tercio de pulgada de espesor, amanecíamos a 6 grados con bruma, lluvia y viento y en el transcurso del día podía la temperatura subir hasta los 28 °C.

Vi montañas cuyas faldas estaban cubiertas de neblina, pero no sus cúspides, pareciendo que en realidad flotaban.

Planeo pronto volver allí.

¿Qué me propuse con esto?

Nada. El manifiesto en sí es una refutación a muchas cosas que había visto y vivido, y juzgando el modo en que es hoy atacado y citado todavía, me temo que sigue siendo actual, incluso aún más.

¿A quién pensé aludir con él?

Sólo a mí, es como un recordatorio de mí a yo mero de cómo está el abarrote, qué no debo hacer, de qué o quién hay que cuidarse, y tuve razón. Siempre que ignoré mis propios consejos así me fue.

Pero sobre todo, la esencia es que hay diversificarse, la especialización es para abejas y hormigas, no para homínidos, la gente huye de los frikis porque los frikis járcor son monótonos y tienden a jactarse de cosas que más valdría callar. Creo que fui uno y gracias al Manitú he logrado empujar mi autismo altamente funcional un poquito más allá del espectro autista, de manera que soy un elemento productivo más o menos autosuficiente y sin duda interdependiente.

Todos mis ancestros lo fueron, así que no es algo que digamos sea un gran logro.

El video definitivo de Nico Nico Douga

 

 

Attack on Titan
Cosas así pueden estar ocurriendo orita Photo credit: Danny Choo.

 

Hace ya varios años, comencé a seguir lo videos de Nico Nico Douga porque, de alguna manera, son como la temperatura de la internet y una muestra de la cultura de las internets japonesas -que quiérase o no, nos influyen a todos tarde o temprano-.

 

Llevaba tiempo buscando algo parecido al video definitivo y en abril lo encontré, o eso me pareció, con la llegada de la película nueva de Dragon Ball y el ascenso al poder de Shingeki no Kyojin (y su opening multiusos) me parece que en estos momentos en las entrañas de Nico Nico se están cocina cosas que ni somos capaces de imaginar.

 

En fin, dejo esto para disfrute de las masas económicamente débiles.

 

 

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Técnica depurada

How to Play Baseball
Photo credit: Wikipedia.

Esto lo escribí en junio del 2007, cuando regresaba a los placeres de jugar béisbol y me reencontré con ciertas cosas que amaba de este deporte y descubrí otras que por baboso había pasado por alto cuando era más joven. Precisamente el texto trata de eso, y ya que estamos con el Clásico Mundial de Béisbol (donde para variar, Japón lleva mano…).

 La vida en el jardín derecho apesta, más cuando uno se sabe fuera de lugar, mi lugar es dentro del cuadro, fui entrenado para ello, fui educado toda mi vida para jugar en la primera línea de defensa y no en la última, en la mera última. Porque allá nadie esperaba que tuviera que defender, para eso estaba allí, para no defender. Pero soy mejor que todos esos que están en el cuadro, en ese momento me decía. Ni aquellos costales de papas ancianos que ya estaban para la liga de jubilados ni tampoco aquellos otros fresoides que se contentaban con lucir bien el uniforme y rebotar cuanta pelota les fuera a las manos eran mejores que yo, eso decía y aún sigo creyendo. Hubo un tiempo en que yo jugaba allí donde estaban ellos, y lo hacía de manera espectacular, nadie me ganaba a la defensiva en el cuadro, ni en técnica ni en garra, pero ante la falta de jugadores que se prestaran para ello, a mi complexión (esbelta) y a mi muy relativa velocidad, los hizo suponer que podía lucir más de jardinero que de cuadro y siempre me mandaran a jugar a la baldía tierra conocida como el jardín derecho.

La verdad, yo en los jardines soy hombre al agua, nunca lograba hacer la atrapada buena en el momento de la verdad, siempre fue así desde mis épocas de infantil.

El marcador era desastroso, muchas a poquitas perdiendo. Cuánto hubiera querido empezar a jugar desde la primera entrada, pero el compagre tenía que jugar, también los hijos del compagre y los primos. A duras me metían, y consternado veía desde mi privilegiada posición cómo a nuestro tercera base se le caían los elevaditos; cómo nuestro parador en corto volaba fotogénica pero ineficazmente por la pelota y cómo nuestro segunda pifiaba la pelota una y otra vez.

La lluvia empezó a caer, el umpire no suspendió el juego, pues aún se podía jugar con las gotitas de agua que caían. Y entonces pasó lo que tenía que pasar: Un batazo profundo, largo, entre el jardín central y el derecho. Yo estaba bien colocado por fortuna y comencé a trotar para atrás, mientras calculaba si el central podía fildear la pelota en mi lugar, tras ver que en realidad él nunca la hubiera alcanzado, algo en mi interior me hizo seguir tras la pelota, que seguía en el aire y pasó por encima de mi cabeza, yo, con toda la sangre fría que jamás tuve, estiré mi mano para alcanzarla -y también para detenerme con la reja- y la pelota, mansamente, aterrizó en la punta de la cesta de mi guante. Escuché el rugido de la tribuna al tiempo que me estrellaba con la reja. Reboté y con el impulso lancé la pelota de regreso al cuadro, descompuesto y todo.

Say Hey Kid podría haber estado orgulloso de mí.

Al caer el tercer out, el agua se convirtió en hielo y el juego se suspendió, no era todavía juego legal, así que nuestra derrota no se consumó. Cuando recibía las felicitaciones de mis compañeros en el dugout, yo veía el granizo caer en el campo de juego y creía recordar que jamás en la vida había logrado hacer una jugada de ese tipo. Tenía la técnica desde siempre, pero me faltaba algo, me faltaba la confianza, la fe, los cojones pues, eso era lo que me faltaba cuando era más joven para poder hacer esas proezas.

Entonces yo entrenaba todos los días y jugaba cuatro partidos a la semana. Pero comía caliente tres veces al día, tenía un refrigerador que se llenaba mágicamente y mis padres me daban para mis gastos. Era tan fácil todo para mí.

Y al arribar a casa, prendí la tele para ver el fútbol. Justo a tiempo para admirar al Venado Medina recibir mal un balón estando solo frente al portero.

Ya no me quedaban dudas, la técnica depurada es más cuestión de carácter que de habilidad; más de confianza que de condición física; más de güievos que de facultades. Saberlo me acabó de deprimir.

Y afuera seguía lloviendo.

(San Pedro de los Pinos, 2007).

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