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Mis hallazgos sobre industrias culturales

Con el riesgo que corro de haber descubierto el agua tibia -y no me salga que si eso ocurre es por mi culpa, yo he investigado y si creo haber hecho algo es porque parece que nadie aplica el conocimiento ya descubierto-, me atrevo a escribir de esto que me parece que cada vez tiene más y más sentido.

Lo pequeño mantiene a lo grande
Yo extraño un buen al antiguo pop, ése que era medio cantado y muy bailado, seguía la tendencias de su tiempo más o menos de una manera fiel.

Por supuesto, no eran tiempos perfectos, la industria de la música eran gobernada despóticamente por seres infelices que decidían quién sacaba disco y quién no, y pagaban tributo, de una manera u otra.

De lo contrario no se puede explicar que este grupo de música electropop sólo haya tenido influencia local en Tampico.

Como pueden escuchar, el sonido era muy comercializable y lo único que requerían era un productor profesional para sonar realmente bien.

El problema es que ninguno de los reyes, virreyes, condes, duques y caciques les halló algo que pudiera ser de su interés. Y pues ahora estos muchachos seguro se dedican al comercio o a la industria en algún otro lado.

Pero ahora, la música que se escucha se clasifica en dos: horriblemente comercial y choteada desde el momento en que sale, viral que le llaman o la ultraexperimental que muy pocas mentes logran captar porque hay que estar en en su sintonía para comprenderla o sentirla.

Y es más, algunos troles geniales averiguaron cómo funciona la música viral y lo han aprovechado para sí, desmontándola y mostrando todas sus fallas esenciales por mera diversión.

Por el lado de la música ultraexperimental tenemos esto:

OKOKOKOK, qué quieres decir con todo esto
Estoy sentado la base para mi hipótesis, que es necesario tener una base vendedora, popular, darle diversión vacua a la plebada vil para poder crear experimentos pachecos que pueden o no volverse populares, crear tendencia o ser de culto.

El caso del anime
Japón ha estado en crisis desde hace más o menos 15 años, son curiosamente estos años en los que se ha producido más y mejor anime que… digamos nunca, aunque por supuesto hay especialistas y gente que ha trabajado en esa industria que afirman que fue durante los 70 en que se trabajó mejor. Pero vamos, comparativamente sí hubo mucho anime de culto produciéndose en ese tiempo y salían casi de a tiro por viaje, pero ahora hay muchísimo más volumen, mucha mayor variedad (hay de todo) y la calidad no ha decaído, a pesar de que hay mucha gente tiene ideas muy fuertes sobre qué debe hacerse y qué no.

El caso del cine mexicano
Podríamos ponerlo así: a mediados de los 70 se hizo excelente cine en México y se apostó por hacerlo mejor, pero ocurrieron cosas malas:

  • Una mala gestión del aparato gubernamental encargado de la promoción del cine;
  • Una serie de malas decisiones de las productoras, las peores tuvieron que ver con la determinación de quiénes eran las personas que veían cine en México;
  • Mal estado de las sala de cine (¿se acuerdan de los cines de la compañía operadora de teatro?);
  • Una grave crisis económica.

Y el resultado fue que en lugar de hacer un poco más de 100 películas al año acabamos haciendo hacia finales de los 80 menos de 20.

Lo mismo se puede decir de la industria mexicana del cómic.

Ambos ya comenzaron a recuperarse, ver aquí y aquí.

El anime como caso una vez más
Yo cuento que a principio de los 2010 dejé de consumir anime, no me sentía identificado con esa enorme ola de moe que nos llegaba, muchos acá pensamos que era el fin de la industria japonesa de animación, pero durante el 2013 volví a ver anime y me quedé sorprendido de toda la variedad que hay.

Ellos se tomaron la molestia de investigar qué querían sus fans en Japón y y lo averiguaron, y también tuvieron la puntada de no identificarme como “cliente”, mis gustos serán muy míos, pero de lo poco que podía gastar entonces poco o nada iba a sus arcas.

Con esto ellos se han mantenido a pesar de las crisis, bien podrían hacerlo para siempre.

Industria cultural o un motivo más que explica la jodidez actual parte I

Newtype (magazine)
La Newtype.

Cuando Chespirito murió hubo mucha extrañeza por la parafernalia que hubo alrededor de su figura y cómo fue posible que Televisa arrojara la casa por la ventana para celebrar su vida, hasta hubo quienes dijeron que era para distraer la atención de cosas mucho más importantes, pues bien, la sola cantidad de dinero que Chespirito le generó a tan pía institución explica todo sin necesidad de atisbar más debajo.

Sirva esto como introducción a mi módica explicación de lo que es la industria cultural de un país y por qué estamos jodidos todos

 

¿Dice usted jodidos?

 

cortazaradorno
Aquí tenemos a Adorno junto a Cortázar, por cierto eran roomies.

Oh sí, y mucho, verán: empezaremos por la teoría, Adorno y otro wey hicieron un trabajo a finales de la segunda guerra mundial en donde explicaron que una herramienta más del dominio de las élites sería el establecimiento de una industria que produciría entretenimiento en serie, los proles, despojados de casi todo, se conformarían con consumir diversión vacua que les hiciera olvidar aunque fuera por unas horas el horror de su existencia miserable.

Pero luego, por los 70 y los 80, hubo gente que se dio color de que el cine, la prensa, las editoriales y las entonces nacientes empresas desarrolladoras de consolas de videojuegos encajaba perfecto con los requerimientos para ser considerados como “industria” pues ocupaban gente de ciertas características, con determinados talentos y sobre todo generaban dinero y no poco.

Tras esa pequeña revelación, hubo quienes se dedicaron promover y cultivar esa industria mientras que en otros lados hubo quien dejó morir la mata.

Eso me quedó claro tras ver mi Newtype edición de enero del 2000 con sus anuncios de videojuegos, tecnología espectacular, mangas, cine, libros de arte, cedes de animes clásicos, música, programas de tv y hasta modelismo y novedades editoriales (no estaba consciente aún del fenómeno de las novelas ligeras).

Cuando compré esa edición en Ciudad Madero estaba en un estado mental diferente al que tengo ahora, si bien ya había hecho ciertas observaciones que me hicieron para siempre impopular entre la perrada, ahora, tras padecer hambres corrigiendo libros, vi que esa revista rebosaba de riqueza, mucha gente vivía y seguramente mejor que uno por toda esa gama de entretenimiento catalogado ahi.

La siguiente entrada verá algunos datos que tengo y comparará la triste situación en la que nuestra chafa república de chocolate se halla.

El Manifiesto de Ozuluama revisado

1368715846418A ya casi 15 años de que redacté el susodicho texto y tras haber visto lo incomprendido que es en términos generales, pienso que hace falta un poquito de perspectiva y algo de contexto para verlo mejor.

¿Por qué creo que no cae bien?

Es un texto muy franco, con una retórica directa, libre de tropos o adornos, por lo que los pequeñines que leen eso se sienten agredidos.

Yo no era ningún escuincle cuando lo escribí, tenía 22 años y a esa edad hay quienes ya han resuelto su vida, creado obras trascendentes y hasta cambiado la historia, ¿y qué estaba haciendo yo? De alguna manera (porque realmente era un hombre al agua en esa obra) colaboré en el tendido de un oleoducto que iba desde Cadereyta, Nuevo León, hasta Nueva Teapa, Tabasco. Ese oleoducto desde entonces ha estado en las noticias por lo llena de accidentes que estuvo y porque quienes integraron el consorcio constructor -Tribasa, SK Engeering and Construction, Siemens- se volvieron muy populares en los periódicos por su propensión a la corrupción.

Sin embargo, yo había gozado de una vida bastante despreocupada hasta entonces y mi madurez ni señas daba de aparecer (creo que a estas alturas todavía no llega), el caso es que me sentía del asco porque no dormía en mi cama y no tenía una maldita idea de cómo hacer las cosas, sin embargo, contaba con la satisfacción de que todo eso retribuía a mi familia al poder mantenerla como el Bios manda.

Orgulloso, pero triste a la vez.

¿Y en qué colaboró mi afición?

En todo, para efectos prácticos me encontraba allí por haber llevado mi afición al extremo, por haber creído que era posible en nuestra república de chocolate que se podía vivir de ser fan y lo estaba haciendo mal… y luego los que lo hacían bien… ¿qué era lo que hacían bien?

Vi quiénes eran los fans que funcionaban, que escribían y dibujaban y además contaban con el tiempo libre suficiente para trabajar (loool) y noté que los que realmente admiraba sabían mucho de muchas cosas.

Quería ser como ellos, ¿qué tenía que hacer para serlo?

La respuesta fue simple, ponerme a trabajar.

Así fue como a final de cuentas fue que me decanté por el lado creativo y el conocimiento de algo que a mí me gustaba pero no me había dado cuenta: el lenguaje, eso me está dando de comer e incluso me da posibilidades de realmente progresar, esa palabra aburrida en la que se encuentran atrapados conceptos complejos como el conseguir una casa, un vehículo, transmitir tus genes a la siguiente generación y emprender cosas no deliciosas mas sí nutritivas.

¿Por qué el Manifiesto de Ozuluama?

Porque lo redacté y promulgué en el hermoso pueblo de Ozuluama, Veracruz, población de escasos 5 mil habitantes pero que es la epónima cabecera municipal de un territorio ocupado por al menos 50 mil gentes, la mayoría dedicada a la ganadería y a la fabricación de ricos quesos frescos.

El hecho de que estuviera acantonado en Ozuluama también influyó mucho en mi estado mental, estaba rodeado de verdor y agua y caminaba encima de tubos de acero de 24 pulgadas de diámetro y un tercio de pulgada de espesor, amanecíamos a 6 grados con bruma, lluvia y viento y en el transcurso del día podía la temperatura subir hasta los 28 °C.

Vi montañas cuyas faldas estaban cubiertas de neblina, pero no sus cúspides, pareciendo que en realidad flotaban.

Planeo pronto volver allí.

¿Qué me propuse con esto?

Nada. El manifiesto en sí es una refutación a muchas cosas que había visto y vivido, y juzgando el modo en que es hoy atacado y citado todavía, me temo que sigue siendo actual, incluso aún más.

¿A quién pensé aludir con él?

Sólo a mí, es como un recordatorio de mí a yo mero de cómo está el abarrote, qué no debo hacer, de qué o quién hay que cuidarse, y tuve razón. Siempre que ignoré mis propios consejos así me fue.

Pero sobre todo, la esencia es que hay diversificarse, la especialización es para abejas y hormigas, no para homínidos, la gente huye de los frikis porque los frikis járcor son monótonos y tienden a jactarse de cosas que más valdría callar. Creo que fui uno y gracias al Manitú he logrado empujar mi autismo altamente funcional un poquito más allá del espectro autista, de manera que soy un elemento productivo más o menos autosuficiente y sin duda interdependiente.

Todos mis ancestros lo fueron, así que no es algo que digamos sea un gran logro.